viernes, 17 de abril de 2015

LA PRIMERA GUERRA DEL AGUA–DE GALEANO PARA LOS POBRES #SomosElRio #Agua #Colombia

tenochtitlan

La primera guerra del agua

Del agua había nacido, y de agua era, la gran ciudad de Tenochtitlán.

Diques, puentes, acequias, canales: por las calles de agua, doscientas mil canoas iban y venían entre las casas y las plazas, los templos, los palacios, los mercados, los jardines flotantes, los plantíos.

La conquista de México empezó siendo una guerra del agua, y la derrota del agua anunció la derrota de todo lo demás.

En 1521, Hernán Cortés puso sitio a Tenochtitlán, y lo primero que hizo fue romper a golpes de hacha el acueducto de madera que traía, desde el bosque de Chapultepec, el agua de beber. Y cuando la ciudad cayó, al cabo de mucha matanza, Cortés mandó demoler sus templos y sus palacios, y echó los escombros a las calles de agua.

España se llevaba mal con el agua, que era cosa del Diablo, herejía
musulmana, y del agua vencida nació la ciudad de México, alzada sobre las ruinas de Tenochtitlán. Y continuando la obra de los guerreros, los ingenieros fueron bloqueando con piedras y tierras, a lo largo del tiempo, todo el sistema circulatorio de los lagos y ríos de la región.

Y el agua se vengó, y varias veces inundó la ciudad colonial, y eso no hizo más que confirmar que ella era aliada de los indios paganos y enemiga de los cristianos.

Siglo tras siglo, el mundo seco continuó la guerra contra el mundo mojado.

Ahora, la ciudad de México muere de sed. En busca de agua, excava. Cuanto más excava, más se hunde. Donde había aire, hay polvo. Donde había ríos, hay avenidas. Donde corría el agua, corren los autos.

Espejos. Una historia casi universal
página 120

De: Galeano para los Pobres

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